HOMENAGEM 2

Álvaro

Alves
de Faria

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ES HUÉSPED DISTINGUIDO DE SALAMANCA

Homenajes a Álvaro Alves de Faria, puente poético entre Brasil y Salamanca

Nuevos tributos al poeta que Salamanca homenajeó en 2007,
dentro del X Encuentro de Poetas Iberoamericanos, cuando se
le publicó una antología traducida por A. P. Alencart

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HOMENAJE EN SÃO PAULO

También, el pasado 24 de noviembre, un grupo de poetas de São Paulo, miembros del colectivo ‘O Sarau Gente de Palabra’, liderados por Rubens Jardim y Davi Kinski organizaron un entrañable homenaje a Alves de Faria para celebrar los cuarenta años del célebre y contestatario ‘Sermão do Viaduto’. Los poetas que prestaron sus voces para leer dichos textos fueron Carlos Felipe Moisés, Raquel Naveira, Luis Augusto Casas, Valdir Rocha, Flora Figueiredo, Luiz Roberto Guedes, Beth Brait Alvim, Roberto Bricelli, Paulo Sposati, Hamilton Faria, Osvaldo Rodrígues y Carlos Soulié do Amaral. En dicho acto, el poeta homenajeado leyó su poema ‘Se busca’ y agradeció, señalando, entre otras cosas, lo siguiente: “Este homenaje no es sólo para mí, sino extensivo para todos. Es un homenaje a la propia poesía, a lo poetas rigurosos y honestos que felizmente todavía existen entre nosotros. La Poesía, en Brasil, se ha vuelto una especie de militancia (…) No sé si merezco todo esto, pero siempre seré agradecido. Seré agradecido a la poesía que tanto hiere cuando consigue abrir la palabra a la claridad del día que habrá de existir. Un día de todos. De los que están olvidados en las esquinas de la vida, como objetos rotos. No puede ser así. La poesía tiene que decir no. Es necesario decir no.”
Alves de Faria, desde São Paulo, ha prometido estar de nuevo en Salamanca el año 2016, para participar en el XIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos y presentar un nuevo libro traducido por Montserrat Villar.

TRES POEMAS TRADUCIDOS POR A. P. ALENCART

SE BUSCA

Se busca a un hombre

que desapareció el día 14.

Llevaba zapatos negros

y vestía una especie de tristeza,

de esas que hay en cualquier lugar.

Acostumbra a hablar solo,

especialmente cuando camina.

Cuando desapareció

cargaba una bolsa

con algunos poemas sin palabras

y ciertos gestos suicidas.

Comía mangos

cuando desapareció.

También llevaba

dos estrellas muertas

en el bolsillo izquierdo

de la camisa.

Decía que no tenía nombre,

pero era por olvido.

Se busca a ese hombre

que se marchó con algunos secretos.

Dijo que iba a hablar con las piedras

y desapareció el día 14.

Quien tuviese noticia alguna

de su paradero

se ruega

no informar a nadie.

RECETA

Una tacita de veneno

es mucho más que un vaso de vino.

Si no, comprobemos:

una tacita de veneno adormece para siempre,

mientras el vino

sólo acalla ciertos momentos.

Una tacita de veneno tiene sabor de anís,

mientras el vino agrio se asemeja al vinagre

sorbido en cucharas de sobremesa.

Una tacita de veneno

es mucho más que un vaso de vino.

Con ajo, el veneno se multiplica

y no produce dolor alguno.

El vino engaña a la mente

y torna lentos los reflejos

para levantarse al inicio de la tarde.

Una tacita de veneno

es mucho más que un vaso de vino.

Mezclado en el café

el veneno parece té

y modifica la luz en una noche sin salida.

Una tacita de veneno

es mucho más que el césped y que el tiempo.

Es tan dulce

como un vaso de vino tinto

que la gente rompe y derrama en la mesa.

EL REPARTO DE LOS ALIMENTOS

La tierra se divide en dos partes,

una de ellos y otra de sus parientes.

¿Entonces por qué repartir entre nosotros

cuchillos y algo de alimento?

Huele a café y estiércol,

carneros caminan silentes

en el jardín de los confidentes,

donde todos lloramos

y desgarramos lo que resta del corazón.

Si hay un tiempo de morir

es éste.

Nada de postreras palabras

como este poema insiste en decir.

En este día 27 de abril de 1967

pido exilio a mi propio miedo,

como si pudiese esconderme

con tantos espejos a mi alrededor.

Por eso parte el pan

con el cuchillo puntiagudo del dedo

de la uña

salpicando la flor de vino,

y reparte, divide:

si la tierra es de ellos y de sus parientes,

sean nuestras las herramientas

que excavan

para enterrar nuestros propios cuerpos,

tomates, huevos, gallinas,

lechuga, col, plantas, pimienta,

arroz, vinagre, achicoria,

agua, frejoles.

La luz de los ojos es muy pequeña

para un mundo tan inmenso

que cabe en nuestra taza.

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