Álvaro

Alves
de Faria

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Salamanca

 
ALGUNS DOS POEMAS SELECIONADOS E TRADUZIDOS PELO POETA PERUANO-ESPANHOL ALFREDO PEREZ ALENCART DA OBRA DE ÁLVARO ALVES DE FARIA PARA A ANTOLOGIA “HABITACIÓN DE OLVIDOS”

SE BUSCA

Se busca a un hombre
que desapareció el día 14.
Llevaba zapatos negros
y vestía una especie de tristeza,
de esas que hay en cualquier lugar.
Acostumbra a hablar solo,
especialmente cuando camina.
Cuando desapareció
cargaba una bolsa
con algunos poemas sin palabras
y ciertos gestos suicidas.
Comía mangos
cuando desapareció.
También llevaba
dos estrellas muertas
en el bolsillo izquierdo
de la camisa.
Decía que no tenía nombre,
pero era por olvido.
Se busca a ese hombre
que se marchó con algunos secretos.
Dijo que iba a hablar con las piedras
y desapareció el día 14.
Quien tuviese noticia alguna
de su paradero
se ruega
no informar a nadie.

MI PADRE – 1

Mi padre
nunca supo
que yo había muerto.
Se levantaba temprano
para llevar las ovejas al campo
y al pasar
por mi habitación
creía que yo dormía.
De noche volvía
con las manos repletas
de castañas
y al verme ausente
me imaginaba navegando
por océanos distantes.
Jamás nos encontramos
en el salón de la casa.
Mi padre
nunca supo
que yo había muerto.

MEMORIA

Son antiguas las calles en la memoria:
tiendas mujeres pasos
zapatos que no caminan
el río que se extiende como la nube
de las embarcaciones invisibles
el pasado que no existe
el insecto
al pie de los culantrillos
las calles de historias que callan
en el fondo de la boca
donde el labio no guarda palabras.
Son pequeñas hojas de vidrio
de esas que quedan en las ventanas tardías
donde vive la gente.
El instante de examinar ausencias
los ademanes que se guardan
en una caja en el armario
las fotografías
en el marco dorado
que invade el rostro
en la reminiscencia de todo.
O estar en el espejo
de la palabra
y de la necesidad de no decir.
Son antiguos los pasos
en estas iglesias
los altares de santos recientes
las alas de ángeles engañados
el vuelo del ave que se hiere
y no parte nunca más.
El mirar fenece
como las raíces de la tierra
los últimos caballos que no saben
el césped por existir
crines como finos hilos
en el abrazo que no hay
la silla que no sirve
el rostro
que no se conoce.

INVENTARIO

En lo que a mí se refiere
sólo tengo el silencio para rendir cuentas
también algunos floreros
y plantas sin convicción.
Tal vez algunos pájaros
aves nocturnas que no vuelan más.
Un lápiz azul
y dos sillas distantes.
Un portarretrato con un rostro antiguo
un libro de los sonetos ingleses de Pessoa
y algunos poemas olvidados.
Dejo además un lote de pequeñas piedras
una bolsa con dos lunas menguantes
un frasco de perfume
tres cuadros innecesarios
dos zapatos sin rumbo
y un traje que ya no sirve
y todavía un domingo por vivir.
A quien interese dejo también
una carta sin dirección de nadie
con palabras irrelevantes.
Mis gafas sin paisaje
sin ninguna utilidad.
Un sol apagado en la gaveta
del mueble de mi habitación
una sala vacía
y un diccionario de palabras sencillas.
Hay también las teclas gastadas
de una máquina sin frases
que escribió algunas recetas sin sal.
Dos sandalias
y un suave abrigo descolorido.
Dejo también un catecismo
con un dios lejano
algunos temores sin remedio
y cinco alegrías olvidadas.
El resto desaparecerá con el tiempo

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